De camino a un parque eólico, Iñako le dice a Amaia: “la planta lleva ya 19 años en operación y ¡va de maravilla!”. Amaia responde: “pues eso es resultado de un mantenimiento y operación en excelencia”, a lo que Iñako le suelta: “¿y cómo podremos estar seguros una vez las máquinas alcancen el fin de su vida útil estimada, eh?”. Esto podría ser un diálogo entre dos operarios un día cualquiera de trabajos de mantenimiento, en España. La imaginaria escena, nos permite introducir un tema fundamental en el mercado nacional: ¿bajo qué óptica hay que mirar las plantas a medida que se acercan a su final de vida útil?. Expertos de la empresa UL, socio de AEE, nos cuentan cómo.

Sin lugar a dudas, la principal palanca es la seguridad, y este debe ser el punto de partida de la estrategia más adecuada cada planta. En cada caso, las acciones a emprender responderán al modelo de negocio de la propiedad, y va a ser necesario un desarrollo del estudio alineado con los intereses que se correspondan. La seguridad será siempre el punto de partida.

Los cimientos en los que fundamentar la estrategia orientada a la gestión de la seguridad los forman las guías que permitan abordar cada análisis. Obviamente, dichos análisis requieren certificaciones, de otra manera no podríamos establecer de manera eficiente parámetros/procedimientos en los que los criterios de seguridad sean los suficientemente fiable y robustos. Estas guías deben poder contemplar todas las situaciones posibles, cubriendo los diferentes escenarios existentes ahora mismo en el mercado. Con estos análisis, es posible obtener estimaciones precisas (siempre que disponga en cantidad y calidad de los datos suficientes). En un parque donde se disponga de la información, es posible estimar la RUL con una incertidumbre de 2 años.

En el segundo escalón debemos afrontar la mitigación de los riesgos identificados. En este caso, las revisiones contractuales y las garantías incluidas serán el camino más conveniente. Y ya en el tercer plano, deberemos ejecutar medidas de tipo paliativo y bajo una supervisión independiente. Solamente unas revisiones en formato de auditoría podrán conseguir una correcta implementación de dichas medidas.

Y en otro ángulo, es importante fijarnos en los agentes que deben llevar las diferentes tareas. Destaca el experto independiente, para realizar el estudio de datos y las modelizaciones de manera aséptica. En segundo lugar, es un laboratorio independiente y acreditado quien deberá certificar el cumplimiento de las guías establecidas. Es importante poder certificar contra todas las guías reconocidas dentro del actual draft de la IEC61400-28 y por tanto certificar la extensión de vida del parque con cumplimiento inequívoco de cualquier reglamentación establecida.

Y, para terminar, hay que volver al punto de partida, si bien la seguridad es la palanca que define la estrategia, el output principal con estos trabajos debe servir para modelizar el OPEX (y con ello el valor del activo o su retorno como asset).

Como dato de mercado, se observa como la mitad de trabajos para estimación de vida útil se requieren para cubrir las necesidades que se generan por parte de la propiedad. Del resto de casos, aproximadamente un 25% de los estudios son utilizados en operaciones de adquisiciones, dado que ese dato es imprescindible para estimar el retorno de los assets y así evaluar su mejor precio de compraventa. Eso sí, con la seguridad como hilo conductor.

UL proporciona asesoramiento técnico independiente, certificación, ensayos e inspecciones en la industria eólica. Su cartera integral de servicios de asesoramiento ayuda a planificar, diseñar, financiar, construir, invertir, operar, mantener y gestionar proyectos de energía eólica. Sus servicios de certificación, prueba e inspección verifican la seguridad, fiabilidad y rendimiento de las turbinas eólicas y sus componentes. Generan confianza en la energía eólica a lo largo del ciclo de vida del proyecto y en toda la cadena de valor. Con un equipo de más de 500 expertos y 35 años de experiencia, UL ha trabajado en el diseño de más de 200.000 MW de proyectos eólicos en tierra y en alta mar en más de 140 países en todo el mundo.